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El ejemplo intolerante del pacificador Uribe


El ejemplo intolerante del pacificador Uribe

Respecto a la reciente reacción del gobierno Uribe por el trato de "hermanos" para los integrantes de las FARC.

Por: Carlos Enrique Díaz Hernández karlosy@gmail.com

La opinión pública y los medios de difusión se escandalizan hoy día por las manifestaciones cotidianas, cada vez más frecuentes, de violencia e intolerancia de los colombianos, como por ejemplo los recientes homicidios entre integrantes de las barras bravas. Lamentablemente, no se fijan en el ejemplo que muestra el jefe del actual gobierno colombiano.

Manifestar públicamente que no se acepta el trato brindado a las FARC EP de "hermanos", por parte de un gobierno extranjero o de cualquiera que se interese por dar una luz en la solución de nuestro conflicto, es algo grave y tiene unas implicaciones muy precisas.

Reiteradamente el gobierno Uribe invita a los miembros de las FARC a que se desmovilicen (léase neutralicen) y a que se integren nuevamente a la sociedad. Lastimosamente, algunas de sus acciones y afirmaciones muestran las verdaderas intenciones que se ocultan tras su insistente pedido.

Si los integrantes de las FARC no merecen siquiera el calificativo de "hermanos", entonces, como seres humanos ¿Qué les queda? ¿Morir?

Los miembros de las FARC, así no le guste a muchos compatriotas; son y seguirán siendo seres humanos y colombianos. Como tales merecen el mínimo respeto a sus derechos (así ellos no hagan lo mismo). Pero si desde las instituciones estatales se promueve el odio contra estos compatriotas, que como integrantes de las FARC, tienen una idea diferente de lo que debería ser nuestra organización estatal y perciben el rechazo de la sociedad hacia ellos, una sociedad que llega a tal punto de fomentar que no merecen consideración alguna y que su muerte no debe ser sólo política sino también física; entonces esta misma sociedad los está conminando a continuar aferrados a su causa hasta las últimas consecuencias.

Cada vez que el gobierno Uribe se ha sentido amenazado por la oposición de la izquierda y últimamente por el PDA; trata entonces de descalificar a esas colectividades recordando el pasado guerrillero de algunos de sus miembros. Como quien dice “el que fue, no deja de ser”, con lo cual se sugiere que cualquiera que tenga o haya tenido relación con la izquierda no es siquiera un delincuente político en potencia, sino que es un terrorista y no tiene derecho a vivir ni a participar en la vida política del país. Así las cosas el gobierno Uribe nos está diciendo que no hay oportunidad política para la oposición o para quienes estando alzados en armas se desmovilicen; por cuanto su pasado siempre los va a condenar. Así, se está haciendo costumbre nacional el odiar al diferente, al del "otro equipo", al del otro partido, al que no piensa como nosotros. Y más allá del odio, los colombianos estamos llegando fácilmente a aceptar como normal, que la muerte física del “enemigo” es legítima para cumplir con nuestros fines. Por eso nos estamos matando sin contemplación.

Si la seguridad democrática contempla que la oposición debe asumir una conducta servil a los intereses de unos pocos, y que en nada contradiga las directrices del gobierno de turno; entonces el actual régimen no promueve una seguridad democrática sino una inseguridad autoritaria y la violencia generalizada.

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